miércoles, octubre 05, 2005

Uno sólo puede sonreir

Algo sobre D’elia Mac Donald: de la poesía a la novela
Isolda Dosamantes

El tiempo pasa sin darnos cuenta, la primera vez que la vi fue en mixteca oaxaqueña, andabamos luciendo nuetros sombreros de paja en el otoño que pintaba la tierra de naranja y a lo lejos de hacia granate con los sembradíos de amaranto, entonces como si hubieramos comido el amarato fresco nos desbordábamos de alegría leyendo poemas y haciendo bromas con las demás poetas, hay una foto legenderaia, en ella, Delia aparece con mis amigos de la Sogem, otra vez Refuigo Pereida, , Araceli Muñoz, Pilar, Mariana y Daniel Mir. Recuerdo que escuchábamos con atención las palabras de un capesino que nos mostraba, hablando con imágenes la belleza de su tierra y de labrarla, de hacerla suya mientras las mujeres tejian sueños de paja a la sombra, mientras despuntaba el sol para el almuerzo, tejian sombreros y tapetes para ahí cuando el sol areciara llevar el ítacate.
La amistad con Delia ha surgido a partir de esos encuentros de poesía que se hacen en Oaxaca, si los famosos queridos y odiados encuentros de Mujeres Poetas en el País de las Nubes (queridos porque me han permitido conocer una parte más de mis raices, de mi pueblo y a entrañables amigas como Dolores Castro, Pina Saucedo, Estrella del Valle, Dolores Dorantes y otras muchas más y realmento odiado, no, ganan las cosas positivas). Decía que conocí a Delia ahí cuando entre su voz se escapaban los versos de su libro, si no mal recuerdo Sangre de madera, en el que nos emocionaba con sus imágenes de lluvia, luego fue otro encuentro y otro hasta llegar a su tierra, en Paraiso, Delia ya leía poemas inéditos en los que retumbaba su voz cada vez más poderosa de lo que sería el libro La lluvia es una piel publicado en el 2000.
Citaremos algunos ejemplos de su obra, de Sangre de madera, al que adjetivo como lluvia por su descarnada manera de mirar las cosas y de llorarlas en una voz sin llanto, como un reconocimiento de su propia estirpe:
De pequeña madres y abuelas
desataban rituales de muerte,
orden y castidad
y mientras murmuraban
—lenguas antiguas
de honor y respeto—
recetan rice and beans.
Tías y primas
limpian la tierra de partos
y semillas congregadas en tierra,
con profecías de ruido
y tristeza.
de pequeña,
me acostumbre
al simbolismo de esferas;
colores marcados por el sol
y muchas veces,
la canción solo fue
una memoria errante.
De pequeña recé:
Señor, si es que tanto me amas,
aparta este cáliz amargo de mi...
y aun la profecía
sigue transmigrando.

En la lluva es una piel, la voz se transfigura, Deila retoma las calles lo cotidiano y lo funde con sus experiencias vitales y de lectura, al leerla podemos presentir, ver la diferencia, la contundenia de estos nuevos poemas se vuelve maraviilosa:
Nosotros llegamos a San José
cargados de ceremonias y silencios
y nos fuimos a vivir a un barrio.
Mi barrio se llama México,
Barrio México, una avenida con plazas y murmullos
una gran equis que atraviesa el Paso de la Vaca,
y los alrededores del mercado,
el Hilvano y una fila de casitas multicolores
igualmente silenciosas.
Mi casa esta en el centro.
Es la casa de los “morenos de raza”,
dicen los vecinos,
a la salida de calle 16,
avenida ocho,
diagonal a Abonos Agro
y a 25 metros de la pulpería de Don Chalo.

Este poema, se lo pedíamos siempre a cualquier hora,en cualquier cantina, a la orilla de un lago. Ahora quisiera estar cerca de ella para escuchar de su voz el inicio de la novela La cofradía cimarrona que será publicada por la Editorial Norma por su alta calidad literaria. A uno no le queda más que la sonrisa, en horabuena por esta gran noticia, y felicitaciones a la negra de siempre, Delia, la bruja, la amiga.
Universidad de Xiangtan, 5 de octubre de 2005

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