sábado, octubre 28, 2006

Latinos


Me he organizado de tal manera que después de mi clase de yoga, llego a casa y ceno, en horario chino claro, es decir como a eso de las siete de la tarde-noche y cuando me retraso cocinando como a las ocho, la mayoría de las veces cocino algo sencillo, unas verduras y algo de proteínas, hasta me da risa eso de comer tan saludable, lo que pasa es que es lo más práctico porque si me pongo a hacer sopas y guisados, además de dejar hecha la cocina un batidillo, que luego debo limpiar, pierdo mucho tiempo y cuando me doy cuanta ya me dieron las diez de la noche, en fin a lo que iba, ceno y luego me voy a un café o a un restaurante a tomar algo y a leer. Ahora estoy leyendo otro de los clásicos chinos, su nombre en español es Peregrinación al Oeste, es una obra mitológica en la que los dioses, los budas, los animales y las personas conviven desde sus diversos reinos, en el cielo, en el mar, en la tierra, allende las montañas, fue escrita por Wu Cheng´en durante la dinastía Ming (1368-1644) y consta de 100 capítulos, voy apenas por el onceavo y sin embargo ya estoy prendada de uno de los personajes principales de la obra, el mismísimo Rey Mono. Esta novela al igual que El sueño de las mansiones rojas, se encuentra viva gracias a los lectores y a diversos autores que han hecho versiones de ella para niños y para jóvenes, en ambas encontramos películas de cine, telenovelas, series y en el caso de Peregrinación al oeste, incluso una serie de caricaturas. Pues si, como soy una mujer de hábitos, me dirigía a un restaurante coreano que me gusta, hay buena luz, ya han puesto un poco de calefacción y en general sirven buenas ensaladas y bebidas, además de que es famoso por su pizza, que no está tan mal, aunque ayer fue la primera vez que la comí. Como les decía, después de mi clase de yoga, regrese a casa y como el refrigerador estaba vació tome un poco de dinero para ir a cenar, antes quise despejarme un poco de la cotidianidad y anduve mirando en algunos puestos callejeros, encontré una crema Clinic y un bilé de color suave, en fin que entre regateos los conseguí baratos y pues la verdad no tengo ni idea si son originales o, como muchas cosas más bien son una copia o, en el mejor de los casos, para mí claro, son de contrabando, en fin, después de gastar dinero e ir de compras para maquillar a la soledad que a veces pesa en este país y más ahora que casi llega el invierno y comienza a oscurecer cada vez más temprano y a las seis de la tarde ya es de noche y cuando la soledad se hace más densa porque no la decides y ya tienes un novio y quieres verlo pero no llama, y no quieres llamarlo y esperas y desesperas, pues entonces vas de compras porque aún no has vuelto a comprar el DVD para ver películas, y no lo has comprado porque no quieres, como el año pasado ver películas una tras otra en el invierno y quedarte en casa encerrada con tu bonche de películas, coreanas, francesas, mexicanas, y recuerdas que ya te viste todas las de Amodovar, de Gudy Alen, que volviste a ver las de el agente 007, que has visto de arte y otras chafas y no quieres y vas de compras y vas por un café y piensas en para no llamarlo a él te iras a bailar, que no lo acostumbras pero quieres distraerte, salir de tus cuatro paredes y acá en Bejijn si puedes y eso vas pensando con yu crema y tu bilé nuevo que te han cambiado el humor y aunque hace frío te sientes hermosa con tu abrigo de peluche y vas a tu restaurante a comer y no quieres probar algo nuevo y pides y de pronto sucede, como en una novela de Auster, la casualidad, el encuentro. Entonces llega él, llega con un amigo y se dirige directo a tu mesa, lo ves caminar y se te cae la carta y te brillan los ojos y le brillan los ojos y se saludan y te pones nerviosa como una jovencita de 15 en su primera cita, te presenta a su amigo y hablan en Fa o en inglés inentendible para ti y recuerdas a tu amiga Esther , desesperada porque su novio y la cultura de su novio, venido de África al igual que el hombre que tienes enfrente, a veces parecía no tomarla en cuenta y habala en fa con sus amigos y ella se aburría como una ostra, se deseperaba y más de una vez pensaba en alejarse, estás sumida en estos pensamientos cuando Ayo te pregunta que si quieres vino, que si quieres piza, le dices que sí, pides una ensalada y te traen tu plato de carne que pediste y como siempre que uno experimenta en estos lares, te dan ganas llorar pues no es una carne como la imaginaste, sino un tazón con un caldo parecido al mole de olla, con trozo de brócoli, otro de coliflor, siete pedazos de carne y arroz, mucho arroz, el plato es picante pero tiene ese sabor fuerte como de rábano concentrado, así que expulgas la comida, te comes los trozos de carne y de verdura y ves llegar una botella de tequila y piensas que te vas a emborrachar con una copa pues tu estómago está vació y la piza no llega y la ensalada es lechuga más lechuga. Estás nerviosa y feliz del encuentro, comienzan a pasar los minutos y Ayo parece tener sueño, en un momento cuando su amigo se va no sabes si al baño o al teléfono, Ayo se acerca y te da un beso más tierno que la luna en la mejilla, te recorre una ola de placer en la columna y quieres estar entre sus brazos. Ayo parece estar aburrido, nos dice que está triste pues su madre está en el hospital, entiendes su emoción pues sabes que todos los extranjeros en China somos doblemente extranjeros como lo dijo Eraclio el otro día, y grabaste esa frase en tu memoria por que sí, porque no hay otro lugar donde se es más extranjero que en oriente, lo comprendías y sin embargo esa noche tu querías fiesta, así que entre caballitos, saludes y piza, surgió la idea de ir a bailar, no lo dudaste y pensaste en una salsa y en ir entonces a latinos, tomaste el teléfono y llamaste a tu amiga cubana y dijo que sí, que quería rumba y llego al coreano al poco tiempo, fueron dos botellas de tequila y seis de baile, Ayo parecía dibujar mi cuerpo entre la pista, estaba eufórica, quería seguir bailando una tras otra hasta agotarme, Ayo descansó un poco, yo seguí danzando como una gacela entre sus prados, Ayo se quedo en Latinos esperando a su amigo que ligaba, yo me regresé a casa con mi amiga cubana y ahora tengo sed, el cuerpo parece arderme desde el centro, quisiera un caldo de pescado, de camarón o un rico consomé de borrego bien picoso o de plano unas enfrijoladas como las que me hacia Lola, la Dorantes o un chicharrón en salsa verde como el que me cocinaba Ignacio Trejo, también tengo ganas de los brazos de Ayo, entonces para no esperar su llamada con la incertidumbre de las horas, saldré compras, quizá ya es hora de tener un DVD en la sala.

2 comentarios:

oki dijo...

ora, pues ya regrese, que acá en juárez vamos a pasar un invierno de segunda, de mala muerte, pero retesabroso
por cierto, un abrazo de Lola para usted

Pina dijo...

mi amiga!!!
yo te prepararía unas enchiladas
y quizá te ofrecería unos deliciosos elotes cocidos para que el alma regresara a tu cuerpo, como lograba hacerlo mi madre.
Ay! no quiero imaginar esa nostalgia dolorosa en muchas cosas, pero verás que justo después de esos momentos difíciles es cuando se aprende.

Saludos emocionados.